sábado, enero 30, 2010
domingo, enero 24, 2010
NO HAY DÍA
viernes, enero 15, 2010
VIVIR EN LOS PRONOMBRES
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».
Pedro Salinas
sábado, enero 09, 2010
jueves, enero 07, 2010
NÁUSEA DE LOS TIEMPOS DE HOY (II)

Náusea o poema social dolido.
Hoy por las calles del desquicie
se respira la frustración
la necesidad de cambio.
Hoy encuentro los bandos
en pleno proceso de formación
como tantas veces en el pasado.
Hoy unos y otros se reparten el pastel
planean el exterminio
mientras la gente del pueblo llano
ofrece gustosa la vida en nombre de causas falsas
como por asuntos de honor barato
cualquier excusa es buena cuando la tensión es demasiada.
Hoy la lluvia me trae regusto a pérdida y desastre
a sangre y odio espeso como el humo del cigarro
donde debo esconderme buscando un poco de orden.
Hoy el miedo me provoca náuseas y diversa sintomatología cruda.
Hoy las cosas están jodidas para mucha gente
pero podemos consumir, navegar en internet, cualquier bálsamo evasivo.
Hoy sé que todo es una mentira, que está manipulado, que nos quemamos en vano
por causas que nunca son las nuestras.
Nunca lo sabemos, ni nunca nos unimos.
Hoy escucho a alguien decir
los políticos hablan
los líderes actúan
y almenos a ésto le encuentro mucho sentido.
lunes, enero 04, 2010
EL CANDADO

- No se preocupe tanto por lo intrincado del laberinto del que trata escapar, ni de lo pesado que es el grillete que carga y le obliga a permanecer en el suelo.No se obceque amigo, ni se sienta abrumado. Concéntrese simplemente, en encontrar la fórmula correcta que le lleva a la liberación, y a abrir esa puerta que parece infranqueable. Hágame caso, y no se arrepentirá.
viernes, enero 01, 2010
jueves, diciembre 10, 2009
EL AISLAMIENTO Y LA DESESPERACIÓN
En el salón todo estaba aparentemente tranquilo. Sin embargo, dentro del corazón sensible de todos los que se hallaban presentes, el miedo encogía imperceptiblemente alma y cuerpo, paralizándoles casi por completo. Tanto es así, que cuando intentaban realizar cualquier gesto vano como acercarse un vaso de agua embotellada a los labios desde la mesa, músculos y huesos crujían doloridos provocando en los miembros, atrofiados por la tensión, dolores tales que les arrebataban la poca voluntad que aún pudiesen guardar.
Las miradas, que apenas se atrevían a apartarse de cualquier reflejo inerte, mostraban derrota, culpabilidad, y una absoluta impotencia, haciéndoles a todos parecer carcasas envejecidas de un extremo patetismo. Aún más terrible el semblante enfermo de los más jóvenes: los ojos, desorientados por la debilidad y rodeados de un prolongado insomnio, les convertía en seres aún más decrépitos que los ancianos que allí se encontraban: las facciones resultaban tan desagradables para sí mismos y para los demás, que el menor intento de comunicación apagaba aún más los rescoldos de la vida se extinguía en ellos, pues era inevitable mirar una de esas caras sin sentir una repulsa incontenible.
Así dispuestos en el salón, el tiempo debía de estar pasando.
A ratos, cuando la tensión no podía aguantarse, algún suspiro o arrebato de lucha, de desesperación, alguna lágrima asomaba en el rostro de aquellos hombres y mujeres de alma mutilada antes de encontrarse con el vacío y la impotencia de ser ignorados por los demás y que todo volviese a aquella convulsa tranquilidad. Uno entre los ancianos, postrado en el sofá, sostenía un libro que amenazaba con caer al suelo ya que su mano apenas podía ya mantenerlo.
- Enciende el aparato: nos dirá qué debemos hacer. - dijo él mismo, mientras finalmente y con convulsiones, su libro caía al suelo, entre polvo y estruendo, rompiendo el silencio y los lamentos intermitentes de los presentes.
- Sí, encendámoslo – respondió uno que debía ser joven, antes de entregarse a un acceso de tos tan fuerte que los pulmones parecían reventarle, incapaces de digerir el aire.
Los presentes contemplaron las imágenes que aparecieron en la pantalla: hombres y mujeres perfectos, de gran belleza y ojos sagaces, rodeados por paisajes de una riqueza natural excepcional, daban esperanzas sobre el futuro. Se expresaban con elegancia, con confianza, y hablaban en muchos idiomas. Su promesa estaba cargada de optimismo, de resultados, de satisfacciones. Realmente quería haber fe en aquella gente, en sus palabras. Pero ante la mirada atónita de los presentes que miraban la pantalla entre enfermizos y aliviados, una nueva presencia apareció en lugar de aquellos lugares hermosos y aquellas nobles gentes que antes hablaban. Sólo se trataba de una máscara rojiza y difusa, del color de la sangre, pero había algo tan aterrador en ella que los presentes no dejaron de asustarse por momentos.
Las imágenes volvieron a cambiar rápidamente, dando paso a visiones grotescas como la de un gigantesco cementerio de cadáveres pútridos que se extendía hasta el horizonte, trozos de carne humana saltando por los aires ante rostros ejecutores enojados, salones de gran riqueza donde eran servidos manjares de todas las tierras conocidas y abundaban las risas en gargantas que intentaban no atragantarse, hermanos peleando por un miserable charco de agua envenenada hasta sacarse los ojos, o gentes doblegadas a golpes trabajando y enfermando. Los presentes en el salón, horrorizados y aullando en su propia agonía al ver lo que tampoco deseaban, apenas se percataban de que el cielo, más allá de las ventanas del lugar, iba tornando a un extraño color escarlata. Entonces fueron cayendo uno a uno al suelo, bruscamente, cuando la enfermedad ya les había devorado del todo por dentro.
lunes, octubre 26, 2009
ME DISCULPARÁS
que para eso ya están las sirenas.
Lo que te guste o no, es cosa tuya.
Discúlpame si no me cambio de ropa todos los días,
mi higiene es invisible mientras tu suciedad asoma por cada poro.
Discúlpame si no me sé por donde van tus bromas a la sociedad
que aún pienso en que verás que tu ojo
te traiciona como a los demás.
El papel es escudo amenudo, pero en él se dibuja el mapa que con personas como tú, me indica cual es el territorio que parece te estoy pisando.
Me disculparás, ya lo hago yo con mi oreja, acariciándola como parte sensible que es
por no ser tan sorda que hasta escucha hoy tus palabras.
sábado, agosto 01, 2009
martes, julio 28, 2009
Pequeñas Hienas de Asfalto

domingo, julio 26, 2009
LAS COSAS QUE TE DIJE

