Discúlpame si la voz cansada y herida no trata de convencerte de nada
que para eso ya están las sirenas.
Lo que te guste o no, es cosa tuya.
Discúlpame si no me cambio de ropa todos los días,
mi higiene es invisible mientras tu suciedad asoma por cada poro.
Discúlpame si no me sé por donde van tus bromas a la sociedad
que aún pienso en que verás que tu ojo
te traiciona como a los demás.
El papel es escudo amenudo, pero en él se dibuja el mapa que con personas como tú, me indica cual es el territorio que parece te estoy pisando.
Me disculparás, ya lo hago yo con mi oreja, acariciándola como parte sensible que es
por no ser tan sorda que hasta escucha hoy tus palabras.
lunes, octubre 26, 2009
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3 comentarios:
Hola! :)
No está reñida la delicadeza con la fuerza, y este texto posee y conjuga ambas fenomenalmente.
Un abrazo
Hay que cuidar los oídos de las palabras absurdas...
Un saludo
Bu:
sentía curiosidad por saber cómo era tu blog, y por fin me ha animado. Como dice Carlos, lo que escribes tiene mucha fuerza, como si viniera muy de dentro. Es muy directo.
Un saludo de una andaluza residente en la Roca:
M.
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